Ver la aurora boreal, caminar al lado de icebergs o sorprenderte con la lava de los volcanes: ésas son sólo algunas de las maravillas que esconde Islandia, un país situado encima de una grieta submarina en la corteza de la Tierra. Aunque ha sido en las últimas semanas cuando el volcán Eyjafjalla se ha dado a conocer, debido a la nube de ceniza que ha ocasionado el caos aéreo en buena parte de Europa, lo cierto es que Islandia tiene su origen en los volcanes.
Aproximadamente veinte millones de años atrás, los volcanes de la grieta entraron en erupción, generando toneladas de lava y rocas que, con el tiempo, dieron lugar a una masa continental: Islandia. Al estar ubicado entre dos placas continentales, este país europeo es una conjunción de volcanes, cráteres y géiseres, además de masas heladas. Así, aunque la isla está coronada por glaciares, en su interior palpita un corazón de magma.
Para ser testigo de la confluencia de estas fuerzas de la naturaleza contrapuestas, basta con acercarse al Parque Nacional de Thingvellir, desde donde pueden divisarse las fronteras entre las placas tectónicas. Separadas por una fisura profunda, hacia el lado occidental se sitúa la Placa Norteamericana, y hacia el lado oriental la Placa Euroasiática. Sin duda, una nueva forma de experimentar la naturaleza desde su interior.
Islandia, en crecimiento
Islandia es una isla en constante crecimiento. Prueba de ello es que, cada año, las placas se separan casi una pulgada de distancia, y la tierra se extiende para cubrir esa área, de modo que la isla crece lentamente pero sin pausa. Y, si la historia de Islandia estuvo marcada por los volcanes en su inicio, también lo está en el presente. El caso del volcán Eyjafjalla es tan sólo un ejemplo, puesto que unos cuarenta volcanes islandeses están vivos en estos momentos, y como media cada cinco años se produce una erupción.
Junto a sus volcanes, Islandia está llena de manantiales termales. El más famoso de todos es el Blue Lagoon, no muy lejos de la capital, que se nutre de agua del Océano Atlántico que se filtra en la tierra y se templa con las piedras calientes islandesas. Los baños no son el único fin para el que los habitantes de la isla utilizan el agua caliente: el vapor de agua sirve también para girar las turbinas y producir electricidad. De hecho, sólo en Reykjavik, el 90% de las casas se calientan con energía geotérmica. Islandia es, en definitiva, un país ecológico por naturaleza.
Pero si Islandia nació de los volcanes, sorprende que una décima parte del país esté cubierta de glaciares. Estas masas heladas esculpen los valles y los van dando forma, de modo que lo que el volcán creó hace millones de años, ahora el glaciar lo está remodelando. El casquete glaciar más grande de Islandia tiene un tamaño mayor que el de todos los glaciares conjuntos de Europa continental y alcanza una altura de 2.120 metros. Para los auténticos aventureros, es un lugar idóneo para explorar. Como prácticamente cualquier otro destino en esta tierra de extremos.