De Bulnes a Covadonga. Sortres, Ordiales, Cangas de Onís, Cabrales… El Parque Nacional de Los Picos de Europa es un paraíso para los amantes de la montaña. Un espacio natural de belleza inigualable que admite todo tipo de rutas para realizar a pie, a caballo, en bicicleta o en todoterreno, en un día o durante un fin de semana. Itinerarios como, por ejemplo, el que parte del lago Enol y finaliza en el mirador de Ordiales.
Esta excursión supera un desnivel de seiscientos metros por un sendero bien trazado de ocho kilómetros. El primer tramo se dirige hacia el mirador del Rey, un lugar excelente para observar los bosques de hayas, tilos y acebos. La ruta continúa atravesando múltiples vegas, extensiones dedicadas a la ganadería por donde corren riachuelos entre la hierba, hasta el refugio de Vegarredonda. El paisaje cambia luego del verde al gris de la roca hasta el mirador de Ordiales, donde las vistas justifican el esfuerzo de la subida.
Entre las paredes del Cares
De Ordiales, nos trasladamos al comienzo de la mítica ruta del Cares. Entre Puente Poncebos y Caín transcurren doce kilómetros espectaculares junto a una estrecha garganta y elevadas paredes de roca de hace millones de años. Esta excursión es una de las preferidas entre los visitantes.
Fuera del Cares, es hora de completar uno de los recorridos con más tradición de Picos de Europa: el que asciende al Naranjo de Bulnes. Desde el tradicional pueblo de Sotres se toma una pista que asciende hacia el collado de Pandébano y de aquí, entre verdes praderas de pastos, hasta Bulnes. Desde esta pequeña localidad parten las ascensiones al mítico pico del Naranjo.
En coche de Cangas a Covadonga
Los Picos de Europa también se pueden disfrutar sobre cuatro ruedas. Tal es el caso de la carretera que va de Cangas de Onís hasta los lagos de Covadonga. Cangas, con su simbólico Puente Viejo –declarado monumento nacional-, merece un paseo detenido y una visita al monasterio de San Pedro de Villanueva (a dos kilómetros), bella muestra del románico asturiano. El camino hacia Covadonga está salpicado de hórreos y casas de arquitectura tradicional. La basílica de Covadonga y la Santa Cueva reciben cada año miles de visitantes, tanto por motivos religiosos como por la belleza del paisaje donde se ubican. Desde aquí, la carretera continúa en ascensión vertiginosa hasta los lagos.