Es un ecosistema único. El lugar donde las aguas del río más caudaloso de España se adentran en el Mediterráneo. El Delta del Ebro es tierra de arrozales, lagunas y pueblos marineros. Una gran flecha en el mar que ha permanecido casi intacta a la acción del hombre y en la que conviven más de 230 especies de aves. En la laguna de les Olles, en el extremo norte del parque natural, se pueden divisar patos y somormujos, en los meses de verano, y cormoranes, garzas reales y aguiluchos laguneros, en el periodo invernal.
De la laguna de les Olles, y siguiendo una serie de caminos y pistas que bordean canales y campos de arroz, llegamos al puerto natural del Fangar, repleto de mejilloneras ancladas. Desde este rincón del Delta, donde destacan las dunas de arena que han servido de plató en múltiples rodajes de escenas de desierto, la playa continúa hacia el sur hasta llegar a la desembocadura oculta por una selva de hierbas, cañas y tamarindos. La mezcla de agua dulce y salada convierte a esta zona en un ecosistema rico y complejo. Algo más lejos, en la orilla sur, encontramos la extensión natural mejor preservada. Se trata de la isla de Guda, de acceso restringido.
Aves y peces
En la ribera norte, en cambio, el viajero recibe todo tipo de atenciones y cuidados. Es aquí donde se pueden encontrar numerosos restaurantes con las especialidades gastronómicas de la zona como arroz, anguilas, marisco, aves, hortalizas, frutas y postres de requesón y cabello de ángel. Cruzando la orilla, en la mitad sur del Delta, hay dos puntos que centran la visita: la laguna de L’Encanyissada, la mayor del parque, y la estrecha franja de arena que se extiende hasta la península de Banya.
En L’Encanyissada destaca la Casa de Fusta, un refugio de madera desmontable construido en los años 20. La orilla de la laguna puede recorrerse a pie o en bicicleta, parando en alguno de los miradores desde los cuales se pueden observar las aves acuáticas de la laguna. En esta zona del Delta del Ebro aún hoy se practica una de las más antiguas artes de pesca fija: la “pantena”. Esta curiosa modalidad pasa por la creación de un embudo en el canal que desagua en el mar para capturar los peces que abandonan la laguna en sus migraciones invernales.
Pescado fresco en la Ràpita
En la península de Banya encontramos las Salinas de la Trinitat, que todavía hoy funcionan como antaño, una zona de nidificación para flamencos y una gran colonia de gaviotas de Audouin. Frente a la península, en tierra firme, merece la pena darse un paseo al atardecer por la lonja de Sant Carles de la Ràpita, un puerto donde los días laborables tiene lugar la subasta del pescado que traen los barcos de bajura.