El uso de cadenas no es obligatorio pero, si hay nieve y hielo en la carretera, puedes quedarte fuera de circulación si no las llevas. Para la conducción en invierno, sobre todo en zonas de montaña, es habitual que se restrinja el tráfico al uso de cadenas así que resulta conveniente que lleves un juego en el maletero. Además, te pueden sacar de un apuro en el momento que menos te lo esperes.
Existen varios tipos de cadenas. Las clásicas, las más utilizadas, constan de una red de eslabones metálicos que rodean el neumático. Proporcionan un buen agarre y son fáciles de montar si estás habituado a ellas. Sin embargo, el montaje se puede complica en condiciones de poca luz o bajas temperaturas por lo que deberías ensayar antes de salir de viaje. En los modelos más sencillos –sin autoblocante- tendrás que tensar las cadenas cada cierto tiempo.
Las cadenas de palas se componen de eslabones metálicos o palas que rodean el neumático. Resultan más fáciles de montar que las clásicas pero ocupan más espacio (excepto las desmontables) y agarran menos.
Las de tela son fundas textiles que recubren la rueda. Son fáciles de poner pero tienen menos agarre y duran poco tiempo. Las menos recomendables, sin duda, son las cadenas líquidas. Se trata de un aerosol para rociar el neumático y ganar adherencia pero, en realidad, proporcionan muy poco agarre. Son las más baratas y su precio ronda los cinco euros.
Antes de comprarte un juego de cadenas, selecciona el tamaño adecuado a las ruedas de tu coche (suele aparecer en la caja). También sería conveniente que adquirieses unos guantes y una linterna: pueden ser de mucha utilidad en situaciones difíciles. Las cadenas se colocan en las ruedas motrices (si tienes un 4x4 y tan sólo un par de cadenas, colócalas en las delanteras).
Al ponerle las cadenas, el coche se comporta de forma distinta (la distancia de frenado se alarga). Por esta razón, debes conducir con suavidad y no superar los 50 km/h.
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